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FUNDACIÓN
En el número 8-10 de la estrecha y sombría calle Euras, pequeña travesía que va desde la calle Raurich a la del Vidrio, en el corazón de la vieja Barcelona, empezó a gestarse hace más de 100 años un periódico moderno, innovador, que nacía producto del esfuerzo de una escasa media docena de personas. En dicha calle, existía y existe hoy (el edificio aún se conserva) un oscuro sótano donde dos hermanos empresarios de Igualada, don Carlos (1834-1897) y don Bartolomé (1837-1894) Godó y Pie, decidieron cierto día crear un modesto diario que hoy encabeza las listas de ventas en Cataluña.
Sus dos miembros fundadores procedían de una noble familia originaria de Vallelou (Llitera). Sus antecesores, los Godo, habían vivido del negocio de la industria, teniendo también importantes implicaciones políticas en Igualada. Don Carlos y don Bartolomé se trasladaron a Barcelona, donde el primero se dedicó durante algún tiempo a la industria de los tintes. Con el tiempo marcharían a Bilbao y a Oviedo para montar casas de comisiones, regresando a la capital catalana para crear una empresa textil (Godo Germans i Companyia). Una vez instalados definitivamente en Barcelona, don Carlos formó parte del comité provincial del partido sagastino y don Bartolomé fue diputado de la corporación provincial y teniente alcalde del Ayuntamiento de Barcelona.
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Corría el año 1881, y los partidos liberal y conservador vivían una época de acérrima rivalidad. En semejante panorama político, "La Vanguardia" nacía como un medio de expresión de una facción del Partido Liberal de Barcelona que, aun siendo fiel a su ideología, pretendía informar a sus lectores "con la mayor rigurosidad y objetividad posible, orientando su divulgación hacia un fin generoso y honrado". A pesar de sus nobles fines, se trataba de un periódico que pretendía combatir al bando conservador encabezado por Rius y Taulet que ya poseía un diario propio, "El Barcelonés". El partido liberal de Sagasta, quien ambicionaba llegar a la alcaldía de la ciudad, precisaba, pues, de un medio de comunicación que lograra difundir sus ideas entre la población barcelonesa; "La Vanguardia" aparecía como un arma política con la que influir sobre la sociedad de la época. El periódico tenía únicamente un tirada local (en Barcelona) y se autodefinía como un "diario político de avisos y noticias".
Los inicios de "La Vanguardia" fueron, como vemos, enfocados desde un ambicioso punto de vista ideológico pero inmersos también en una profunda humildad en lo que a medios se refiere. Hasta su posterior traslado, el sótano de la calle Euras fue durante ocho años sede del periódico. Pero el esfuerzo y el empeño de una docena de redactores (pues ese era el número de trabajadores con el que contaba el diario) convirtió a la publicación en la primera en ofrecer dos ediciones por jornada, la habitual de la mañana y otra por la tarde con noticias de última hora.
Estos primeros años de vida vienen marcados por la intención política más que por el afán informativo pero servirán para que "La Vanguardia" logre hacerse un lugar entre la población catalana, afianzándose como una publicación seria que contará con la confianza de un gran número de lectores. Pero si este periódico ha arraigado firmemente en Cataluña ha sido porque su desarrollo ha acompañado al de esta comunidad, porque los catalanes han crecido leyendo un diario que sabía reflejar a la perfección la realidad de la sociedad y los importantes cambios que se iban produciendo en ésta.
El primer número de "La Vanguardia" fue publicado el 1 de febrero de 1881 y constaba de 24 páginas en tamaño cuarto (unos 203 X 131milímetros). En la portada, como es natural, aparecía el nombre del diario en letras destacadas sobre dos pequeñas "aclaraciones". La primera especificaba el tipo de publicación con las siguientes palabras: "diario político y de avisos y noticias", haciendo referencia al marcado carácter ideológico del periódico, junto a la frase: "órgano del partido constitucional de la provincia". Se mencionaba también la dirección de la redacción y administración ("calle de las Euras, núm. 8 y 10") y como encabezamiento figuraban el año, la fecha y el número del ejemplar.
Los precios de suscripción, que aparecían en la parte superior de la portada, eran los siguientes:
- En Barcelona, un mes, 6 reales
- Fuera, un trimestre, 20 reales
- Ultramar, 40 reales
- Extranjero, 60 reales
- Anuncios y remitidos, a precios convencionales
Completaban la portada un cuadro sobre de la información meteorológica, una serie de anuncios
publicitarios y una guía de espectáculos del Teatro Principal y del Gran Teatro del Liceo.
La segunda página estaba completamente dedicada a una extensa editorial de presentación (que se prolongaba hasta la página tercera) donde la redacción manifestaba su apoyo al partido constitucional de Mateo Sagasta para después iniciarse en una serie de duras críticas contra los últimos años de gobierno conservador. Definiéndose así políticamente, proseguían hablando de sus objetivos, que habían de conducir siempre hacia la libertad y el progreso. La editorial se cerraba con un cordial saludo hacia el resto de periódicos barceloneses de la época.
En la misma tercera, cuarta, quinta y sexta páginas, la información dominante era la de carácter local barcelonés. La siguiente nos hablaba exclusivamente de los espectáculos del día, la ocho de la situación económica y la nueve y le diez estaban dedicadas a los comentarios de los diversos corresponsales ubicados en Madrid o en distintas capitales extranjeras. Desde la once a la catorce dominaban los asuntos comerciales y las cotizaciones bursátiles, y la quince nos hablaba acerca de las rifas, algo muy habitual en aquella época.
Hasta la página veintidós encontrábamos abundantes anuncios dedicados a diferentes productos como muebles, pianos y máquinas de coser, pero sobretodo, a medicamentos. Después aparecían diferentes comunicados sobre la última hora nacional y extranjera para cerrar con una nueva página publicitaria.
En lo que al diseño se refiere, el primer número y los que lo siguieron eran bastante sencillos. Los artículos del diario aparecían escritos a una única columna y la letra era considerablemente grande. No existían titulares destacados sino que se utilizaban las simples mayúsculas remarcadas con negrita precedidas de largas barras separadoras para diferenciar los temas de los que se hablaba. Los anuncios publicitarios, en cambio, estaban mucho más elaborados y poseían una mayor variedad de tipos y tamaños de letra. Pero esta austeridad en el diseño iba a cambiar progresivamente con la mejora y el avance de los medios técnicos.
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