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EVOLUCIÓN HISTÓRICA
La verdadera historia moderna de "La Vanguardia" comienza el 31 de diciembre 1887, cuando se produce la total desvinculación del periódico del Partido Constitucional, pasando de ser una baza política a convertirse en un objetivo medio de comunicación. El 1 de enero de 1888, coincidiendo con la Exposición Universal de Barcelona, el periódico duplica su formato (pasa a los 440 X 290 milímetros) y empieza a publicar sus textos a cuatro columnas, introduciendo la edición de mañana y tarde.
Modesto Sánchez Ortiz, un reconocido periodista andaluz encargado por entonces de la dirección de "La Vanguardia", fue el responsable de esta emancipación y de la transformación del formato que hasta el momento se había utilizado. Este importante director se introdujo, además, en los círculos intelectuales y artísticos de Barcelona, abriendo el diario a los jóvenes pintores y escritores que representaban a la sociedad catalana. Se empezaron a publicar entonces las "Memorias de un menestral", del historiador Joseph Coroley; las notas parisinas "Desde mi molino", de Santiago Rusiñol; los artículos económicos de Federico Rahola, y las colaboraciones literarias de Narcís Oller y Miguel Utrillo. En el año 1900, "La Vanguardia" publicaba la primera crítica de una obra de Pablo Picaso, por aquel entonces un joven desconocido pintor.
Este amplio interés por el arte se verá reflejado en las cabeceras del diario. Las antiguas letras de palo serán sustituidas por elegantes y bellos diseños. En 1924, se utilizó un nuevo logotipo de tipografía clásica romana. Esta cabecera duró hasta 1981, cuando el argentino Ricardo Rousselot acentúa el negro y une la letra R con la D. En 1989, el norteamericano Milton Glaser introducirá el color azul y unirá la N a la A y la A a la R, consiguiendo un logotipo más compacto. Sin embargo, fue durante la etapa modernista cuando "La Vanguardia" publicó sus cabeceras más llamativas en diversos suplementos.
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Pero volvamos al tema que nos ocupa. El periódico fue modernizándose con el paso del tiempo y en la primera década del siglo XX (25 de octubre de 1905), trasladó su ubicación al número 28 de la calle Pelai. Se instaló entonces un nuevo sistema de composición que permitió realizar una considerable mejora en la calidad de sus páginas. Bajo la dirección de Miquel Sants Oliver se incorporaron a la redacción importantes y reputados periodistas del "Diario de Barcelona". En 1912 se construyó en Pueblo Nuevo una fábrica de suministro de papel que en 1918 fue necesario ampliar. Con más de 80.000 ejemplares de tirada, "La Vanguardia" se convertía entonces en el periódico de mayor difusión de Cataluña, siendo a la vez el primero de España en enviar corresponsales a los diversos conflictos de la I Guerra Mundial.
A finales de los años 20, un antiguo corresponsal en París, Agustí Calvet, sustituirá a Oliver en la dirección e impulsará una serie de mejoras que beneficiarán ampliamente al diario. Por aquel entonces, "La Vanguardia" poseía ya una gran cantidad de corresponsales distribuidos por las más importantes capitales del mundo, afianzándose así como un periódico de importante peso informativo. Como decía, Calvet fue el responsable de, en especial, un gran avance técnico: la adopción del huecograbado1. Este procedimiento consiguió una mayor calidad en la reproducción de fotografías. También se produjo una renovación total de los talleres y el utillaje y se instaló un gabinete telegráfico en contacto con las principales capitales extranjeras. En esta época, Ramón Godó propició también el crecimiento del diario gracias a su gran empuje empresarial; prueba de ello es que, tras su muerte a principios de los años 30, el periódico contaba ya con una tirada de 200.000 ejemplares.
El 19 de julio de 1936 estalla la guerra civil en Barcelona y el periódico es incautado por la Generalitat. "La Vanguardia" se convertirá en el principal órgano de expresión del Gobierno de la Generalitat y, posteriormente, del de la República. Sus páginas serán un fiel testimonio de las diversas batallas libradas entre ambos bandos. Durante estos años, Antonio Machado, Max Aub, Ramón J. Sender, Bosch i Gimpera, Malraux i Erenburg firmarán muchos de los artículos publicados.
Con la victoria del bando franquista, la familia Godo recuperará el control financiero del diario, pero la línea editorial será establecida por el Gobierno. El periódico pasará a llamarse "La Vanguardia Española" y Franco impondrá como director al anticatalanista Luis de Galinsoga. Sin embargo, no se perderá la importancia en la prensa catalana y la sección Internacional, dirigida por Santiago Nadal, será de las pocas pro aliadas de la prensa española durante la II Guerra Mundial. El periódico continuará destinando un amplio espacio a la cultura, a pesar de las duras restricciones impuestas por la escasez de papel. En 1960, las presiones ejercidas desde Cataluña, obligarán a Franco a sustituir a Galinsoga por Javier Echegarai, un director más de acuerdo con la idiosincrasia catalana.
Con la llegada de la transición española, "La Vanguardia" inicia su camino también hacia la democracia y la pluralidad. Bajo la dirección de Horacio Saéz Guerrero se recuperará el nombre originario de la publicación y aparecerán nuevos colaboradores como Antoni Tapies, Ramon Trias Fargas, Joan Fuester, Baltasar Porcel o Fabián Estapé que le otorgan un mayor prestigio al diario.
En 1981, el periódico cumple su primer siglo de vida. Con Javier Godó como editor se incorporan a la redacción los videoterminales y se abandona la tipografía realizada en plomo. A finales de la década, y con Juan Tapia bajo la dirección, "La Vanguardia" culmina su innovación tecnológica con un nuevo formato muy semejante al actual. Las técnicas de impresión avanzan hacia una nueva rotativa en offset color, que permite obtener una mayor calidad en el diseño y las imágenes. Se trata de una etapa de gran creatividad y constante mejora que lleva a la publicación hasta su situación actual, momento que analizaremos posteriormente.
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